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Desde el aeropuerto de la Guaira en Caracas, serán 168km al norte en un vuelo comercial con capacidad para 7 personas como máximo, hasta llegar al Archipiélago de Los Roques. Con el ruido de los motores de la pequeña avioneta, el calor y el tiempo parecerán prolongarse hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, allí debajo, se abrirán las nubes para dar lugar al color esmeralda que sólo el Caribe puede obsequiar.

La bienvenida que nos da la isla…

El aterrizaje en la isla de Gran Roque será de una exactitud magistral, de la mano de un piloto con maniobras impecables que realizará el descenso en la pista de pocos metros de longitud, rodeada de agua. Así llegamos a la isla que nos da la bienvenida anunciándonos que es una Reserva Natural desde 1972, con unos 50 cayos para recorrer y 300 bancos de arena blanquecina. Así, bastará comenzar a caminar por las callecitas de arena para percibir que se ha llegado casi con seguridad, a un nparaíso natural. La plaza central parecerá ser el punto que concentra la sencilla vida de los mil y pocos habitantes que de manera cordial, reciben al visitante y acompañan en la estadía, dispuestos a brindar el mejor servicio. En ese contexto de fachadas sencillas y muy coloridas, se mezclan historias de vida autóctonas y extranjeras, lo que convertirá a la plazoleta de Simón Bolívar en un caleidoscopio de cientos de colores que se cruzan. Una pintura con la imagen de la virgen del Valle, patrona de la isla Margarita, cercana a Los Roques, bendecirá a quienes atraviesen la plazoleta en busca de las artesanías típicas. Desde cada una de sus esquinas, se filtrará la brisa marina que irá conduciéndonos y transportándonos hasta el muelle, donde esperarán las embarcaciones para navegar sobre las aguas caribeñas, hasta los rincones más inhóspitos.